Enterradores en pandemia, el peor año de sus vidas

“Para trabajar aquí tienes que estar psicológicamente muy bien amueblado. Hay entierros muy duros. Niños, accidentes, padres que dejan huérfanos muy pequeños… Te tienes que endurecer porque tampoco es justo llegar a casa y descargar con tu familia todo por lo que pasas aquí”, explica Ramón Elies. Tiene 51 años y lleva 16 trabajando como enterrador en los cementerios de Barcelona. Habla poco de un empleo por el que sus conocidos solo preguntan buscando el “morbo”. Solo él, y sus compañeros, saben lo que soportó en primavera el último eslabón de la cadena de los trabajadores esenciales con el aumento de la mortalidad más grave que recuerdan en los nueve cementerios de la capital catalana.

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