«He llegado a tener compañeras trabajando con bolsas de basura en algún momento puntual»

Juan Ramón Ledesma, TCAE, Alcalá la Real. Estas palabras fueron escritas el 1 de mayo de 2020.

A lo largo del día, son
muchas las funciones que realiza un Técnico en Cuidados Auxiliares de
Enfermería, también conocido como TCAE, en un centro hospitalario. Descritas
desde 1975, lo cierto es que es difícil definirlas claramente, pero, entre las
principales, se encuentra el asistir a la persona con dependencia, la
reposición de material, asistir al enfermero, el cuidado de los pacientes,
darles la medicación oral, tomarles la temperatura, asistir en triaje… A esto
se suma que, en muchas ocasiones, también somos tutores y llevamos el peso de las consultas externas,
con las citaciones, las revisiones…

Y así, en el vaivén de
nuestras labores diarias, en la vida me hubiese imaginado que un virus
paralizaría a medio mundo. De hecho, si meses antes de que comenzase todo esto
me lo hubiesen dicho, te aseguro que no me lo hubiese ni creído.

En nuestro hospital, para
paliar la gran demanda de pacientes provocada por la crisis del coronavirus,
hubo un aumento de contratación. Por tanto, se reforzaron las unidades y se
cambiaron los circuitos del hospital, lo que requirió más personal.

En urgencias, que es donde
yo trabajo, normalmente siempre ha habido un circuito pero, cuando comenzó esta
crisis, se dividió en dos: uno respiratorio y otro no. Así, en cada ala
tuvieron que poner un TCAE
cuando antes solo se necesitaba uno. Esto también ha ocurrido en la
hospitalización, donde ahora trabajamos dos personas por turno.

Dicho esto, mi jornada
laboral comienza con una división. Trabajamos dos, así que nos dividimos y uno
se va al respiratorio y el otro al no respiratorio, que incluye cualquier
patología que no se pueda relacionar con el Covid-19, como, por ejemplo, una lesión
o un dolor en fosa ilíaca.

Por tanto, la persona que
trabaje en el respiratorio, será el que atienda a los pacientes críticos,
porque no sabemos cómo viene y, obviamente, no se les puede hacer una
entrevista. Tras dividirnos, lo siguiente que hacemos es ponernos un EPI, que
llevamos durante todo el turno.

La verdad es que los primeros días los pasamos con mucha angustia e intranquilidad: los circuitos no estaban bien definidos y no teníamos suficiente material. Con el paso del tiempo la situación mejoró, pero hay algo que sigue igual: La falta de material sanitario de calidad que nos proteja a la hora de trabajar con casos de covid19. Nos proporcionan EPIs que muchas veces no son los idóneos para nosotros pero si para unos papeles que certifican que sí lo son. Mucho de este material no es impermeable, algunas mascarillas fpp2 con las que hemos trabajado las han retirado del mercado por no cumplir sus características, es decir, no tenemos EPIs certificados y sellados por la comunidad europea que nos aseguren que no vamos a contraer esta enfermedad. He llegado a tener hasta compañeras trabajando con bolsas de basura en algún momento puntual por no disponer de material para protegerse. Por dar un toque de humor, tengo compañeras que a las batas les llama salto de cama por sus trasparencias.

Nos hemos visto muy apurados
en material, ya que
los procedimientos no piensan en el personal, están creados ante la falta de material, no llegando a
pensar en el personal sanitario y sus riesgos.

Es una sensación muy dura,
porque te vas a casa pensando que te has podido contagiar, porque muchos de
nosotros estamos en contacto directo con pacientes que tienen el Covid-19. El
miedo siempre va a estar ahí y creo que, en parte, es necesario, porque en el
momento en el que no tengamos miedo, bajaremos la guardia y nos contagiaremos.

En mi caso, al final, me fui
acostumbrando a ese miedo. Yo, al principio, me metía en mi habitación cuando
llegaba del hospital y no salía. Mis hijos me preguntaban que por qué no salía,
y no lo hacía por miedo. Yo llevo semanas sin darle un abrazo a mi hijo como me gustaría, cuando me junto con ellos
e intento no respirarles encima, no toser…

Psicológicamente sé que la
distancia es correcta, pero intento que sea más grande de lo normal y eso mis
hijos lo notan. Muchas veces me dicen que vaya a jugar con ellos y yo les tengo
que rechazar, porque no quiero tener esa cercanía, aun sabiendo que con comer
con ellos en el salón ya los puedo contagiar.

En varias ocasiones les he explicado por qué no puedo, por ejemplo, darles un abrazo, y muchas veces cuando me voy a trabajar me dicen frases como “papá, que no te pille el Covid”. Tengo compañeros que llevan un mes y medio sin ver a su hijo que tan solo tiene quince meses.

Es verdad que hay cosas que
se hacen de lógica, pero otras hay que cambiarlas y yo, como sanitario, creo
que tardaré mucho tiempo en tener una relación normal con mis amigos,
básicamente por el miedo.

Creo que el principal
problema que hay actualmente es que el resto de personas no se ponen en la piel
de los sanitarios. Es fácil salir a aplaudir todos los días a las ocho de la
tarde, y yo mismo lo he estado haciendo… Hasta que me decepcioné.

La gente nos aplaude, pero
no saben realmente la situación que vivimos, que no estamos protegidos, no nos
hacen las pruebas. No obstante, quiero destacar que sí es cierto que cuando
necesitamos ayuda, hay mucha gente que se vuelca con nosotros. Hay gente que
nos ha mandado material y que
sigue trabajando desde casa para protegernos.

Esos gestos son mejores que
los aplausos. El otro día, por ejemplo, una pizzería del municipio nos trajo
cuatro pizzas para que cenáramos,
Nestlé nos mandó comida para poder desayunar… Hay que agradecer a toda la gente
que se vuelca y lucha por nuestra seguridad. Eso es lo que necesitamos, gente
que diga “¡Por favor, proteged a los sanitarios”, en vez de aplaudir.

Yo, personalmente, creo que
voy a aprender de esta situación, me gustaría ser mejor persona de la que soy.
No sé si lo podré lograr, pero quiero, cuando todo esto termine, intentar
ayudar a los demás, implicarme mucho más… Creo que siempre se puede mejorar,
pero, sobre todas las cosas, lo que quiero es pasar mucho más tiempo con mi
familia. Y no me refiero a viajar, sino estar más tiempo con ellos y darles
esos abrazos que ahora mismo no les puedo dar.

El artículo «He llegado a tener compañeras trabajando con bolsas de basura en algún momento puntual» se publicó primero en Noticias en Salud.

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