La victoria de la niña trans que quería nadar como las demás

Desde que Jorge dijo en voz alta que era Jorge, su familia ha recorrido un largo camino. Con 13 años le empezó a salir el pecho y dejó de querer ir a clase. Sus amigos de siempre empezaron a verle como una joven con la que ligar y no como Jorge. No se ponía bikini ni quería ir a la playa. Lucharon para cambiar el nombre en el DNI. Y para que empezara a tomar testosterona, que le administraron en la sanidad privada. Hay un número creciente de menores que, como Jorge, acuden a tratamientos hormonales para modificar sus caracteres sexuales. La futura ley trans de España, cuyo primer borrador se espera este enero, prevé que la decisión sobre estos tratamientos —muchas veces irreversibles y que implican cambios físicos— la pueda tomar un menor transexual desde los 16 años. En sentido contrario, una sentencia dictada por el Tribunal Supremo británico considera que los menores no tienen capacidad para entender sus consecuencias ni pueden dar su consentimiento. El debate ya está ahí: hay especialistas que defienden que estos tratamientos se deben prescribir con una amplia supervisión médica, puesto que pueden desembocar en infertilidad y afectar al desarrollo de una vida sexual plena. Otros entienden que cada persona conoce mejor que nadie su identidad y basta su palabra.

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Un incremento de las consultas por encima del 2.000%

No existe una recopilación oficial de datos sobre los tratamientos a menores transexuales en España. La sentencia del caso Bell recoge que en Reino Unido los niños y jóvenes derivados al servicio de identidad de género —que no necesariamente acabaron recibiendo tratamiento— pasaron de 97 en 2009 a 2.519 personas en 2018, más de un 2.600%. Y que se han incrementado sobre todo los casos de chicas que se declaran chicos trans. En Trànsit, la unidad de atención a las personas trans del Servicio Catalán de Salud, han tratado a 609 menores de nueve a 16 años desde abril de 2014. El incremento es de más del 2.200% desde los ocho casos del primer año a los 179 de 2020. Son 407 chicos trans, 179 chicas trans y 23 con identidad no binaria, por lo que también se da un incremento superior en el caso de quienes transicionan a chicos. Para la parte del movimiento feminista español crítica con la futura ley, esta diferencia en los números es un claro reflejo de las presiones sexistas que sufren las mujeres. Desde la otra parte, lo achacan a que la sociedad tiene más dificultad para aceptar a una mujer trans sin caricaturizarla o a que hasta ahora los hombres trans estaban más invisibilizados porque sus cambios físicos no son tan obvios a ojos de la sociedad.

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